03.30.05
Ese cómodo ropaje
Decidirse a escribir es decidirse a comenzar una relación de amor y odio con las palabras. Es un trabajo complicado, que para algunos deviene en dolor de cabeza constante; para otros es como una maldición autoimpuesta y todavía para otros más, una pesada carga de responsabilidades. Y, en todos los casos, una lucha contra la pantalla en blanco. Los escritores verdaderamente afortunados son aquellos para los que juntar palabras es un placer, un juego, una explosión de creatividad. Presiento y creo que ese grupo de escritores no es el más numeroso; pero Rudy forma parte de él. Todo consiste en sentirse cómodo con tu ropaje de escritor. Con tu otro yo (el autor), si es que, como Stephen King ha querido mostrarnos tantas veces, hay un ente-persona y un ente-autor. No me cabe ninguna duda de que Rudy se siente muy cómodo en su ropaje, en su papel de escritor nato; y eso se refleja en la envidiable facilidad con que sus personajes se desenvuelven en el teatro de la página. Se refleja en la cercanía con que sabe hacernos entrar en cada aventura, desde la primera frase. Es un escritor de pura raza, un fabulador en continuo movimiento que da vueltas y vueltas a las ideas hasta sacarles todo el jugo; una verdadera bestia del teclado.
A veces no basta con saber escribir… el talento natural ha de quedar demostrado sobre la mesa con trabajo duro, y el asturiano no se duerme en los laureles. Los sicarios del cielo es la materialización de esa conjunción insuperable de condiciones que posee. Pareciera talmente que Mozart y Salieri se hayan reconciliado en la figura del autor de inspiración asimoviana; el deudor de la fantasía oscura anglosajona; el amante del pastiche en toda regla (¿o mejor hablamos de mestizaje?); el representante de la pasión por escribir, sin medida. ¿Es Los sicarios del cielo su novela más comercial? ¿La más madura? ¿La más redonda? Personalmente, podría dejar caer un sí o un no, dependiendo del caso, pero no me veo con la objetividad en su punto más óptimo. Conozco suficientemente a Rudy como para intentar no dejarme llevar por el entusiasmo (él lo llamaría dorarle la píldora), y creo que mi opinión no debería ser tomada en cuenta con seriedad. Solo me gustaría decir que la próxima novela que aparezca en nuestra librería habitual (de nuevo con Sherlock en danza, en lo que amenaza con convertirse en una franquicia) es igualmente espléndida, y plagada de sorpresones. Pero, sobre todo, que la capacidad de Rudy para dar a luz historia tras historia, novela tras novela, es casi de risa, si el asunto no fuera tan serio.
Todo fluye entre los pliegues del cerebro de Rodolfo Martínez. Es alucinante. Es envidiable. Y, a riesgo de que me vapulee con saña (sólo verbalmente, espero, como de costumbre) por entrever en mí a un adulador de baratillo, es casi incomprensible de puro mágico.
Ahí queda eso…
03.27.05
Una semana después…
Año 2003 (Determinándome Dos)
03.26.05
En el vórtice

Vórtice en Línea nº 3, enero. Incluye el cuento: “De vuelta a casa”. Con un par de meses de retraso – como no podía ser de otra forma, ya que el blog no existía – consigno la aparición del cuento en este e-zine de la editorial Parnaso. Como comenté más abajo, antes había aparecido en papel en uno de los diarios asturianos de mayor tirada, dentro de su “campaña” de publicación de cuentos durante los meses de verano. Me pareció oportuno que apareciese en otro formato, al alcance de un público distinto, y este es el resultado. La portada, por cierto, está bastante currada. 
03.25.05
Ablogalypse Now
03.24.05
Determinándome… un poco
03.23.05
El librito de marras
03.22.05
No ha estado mal… para mí
03.21.05
Prueba

Una prueba con imagen incluída. Qué mejor que enseñaros (a los que aún no lo habéis visto) el diseño previo del cartel para la próxima AsturCon de este año, obra ni más ni menos que de Enrique J. Corominas, un maestro donde los haya. La AsturCon se celebrará entre los días 8 y 11 de julio, y ya tenemos preparadas un montón de sorpresas que se irán desvelando a su debido tiempo. Pero mejor me callo… por ahora, no vaya a enfurecer a los dioses del norte. 