05.31.05
…Como niños

Como todo buen friki (aunque sospecho que soy un friki más bien tirando a muy modesto, visto lo que hay por esos mundos de diox) ya he acudido al templo para contemplar el milagro del Episodio III: La Venganza de los Sith. Creo que hay ya – y habrá – muchos comentarios, críticas y opiniones sobre la película en todo blog que se precie, y más afinados que los que yo haría. Así que voy a salirme por la tangente. Hablo de Star Wars: sí, pero no… Sinceramente, no soy un devoto de los dispensadores de comida rápida al estilo yankee, pero al menos tolero un poco al rival del payaso sin gracia ni imaginación de ilustre apellido escocés. Aquello es: el Burriquín… No negaré que, incluso para mí, una noche de sábado con película de estreno, hamburguesa y patatas tiene cierto atractivo. Una muy de vez en cuando, también es verdad. Y ya tocaba. Así que antes de empanadillarme totalmente con la historia de la caída en el lado oscuro del joven Skywalker, mis jugos gástricos pidieron guerra con rugidos de euforia guerrera realmente estremecedores. Y allí mismo había un Burriquín, tan estratégicamente colocado, pardiez. Y tan estratégicamente engalanado con posters y demás parafernalia galáctica. Todo sea por la República y el Senado… (je, je…)
Pero voy al meollo del detalle. Fíjese usted en cuáles son los muñequitos de marras que podemos encontrar en las atractivas cajitas: un indispensable Darth Vader; un impepinable Yoda, un carismático Chewbacca, el dúo cómico de droides… ¿qué pasa aquí? ¿Está Obi-Wan? Nooo… Mace Windu? Nooo… ¿Padmé Amidala? ¿El general Grievous? ¿El imbécil de Jar-Jar..? Pues nada de eso. Los personajes que encontramos son, digámoslo así, los clásicos, los de siempre, los de la trilogía original… Y, detalle dentro del detalle, …ve usted esa navecilla que viene también como juguete? Sí, es el Halcón Milenario, que continúa siendo la nave más apreciada y resultona de toda la saga y, por supuesto, no aparece en este Episodio III. Parece que no se han atrevido con Han Solo, pero por un pelo… Algún aficionado con cierta mala uva sacará seguramente conclusiones acertadas de este tan pequeño detalle comercial…

05.29.05
Hombres Muertos que corren por su vida

Moore, Gaiman y Morrison demostraron, en su momento, que con personajes cutres y adocenados pueden hacerse grandes historias si se es un buen guionista y se tienen ideas propias. Talento, quizás, por denominarlo así. Que se puede sacar jugo a cualquier personaje por ridículo que parezca. Miller y Nocenti también tuvieron su oportunidad, aunque no creo que pueda considerarse a Daredevil un personaje cutre, precisamente. Por la portada habréis supuesto enseguida que voy a referirme al Capitán América. Bien, es cierto que precisamente por su particular idiosincrasia es un personaje del que poder sacar sabroso zumo de guionista, pero por desgracia parece que, a lo largo de su dilatada carrera como abanderado, pocos lo han entendido así. Darko Macan ha tenido su oportunidad con este Dead Men Running (mucho mejor título que el puesto aquí, El corazón de las tinieblas, a pesar de lo mucho que me gusta la obra conradiana) y ha vuelto a darnos una demostración. Si un escritor consigue que nos pase desapercibido el uniforme barriestrellado de colorines (y aquí, ¡en plena selva colombiana!) y nos interesemos por lo que se cuenta, va por buen camino. Macan lo consigue. Seguro que ser croata ya es un punto a favor para tener una visión un tanto diferente de los llamados centinelas de la libertad. En su historia, Macan no da ninguna tregua al lector; la acción es trepidante y, a la vez, la sutileza sicológica está presente. No es nada fácil para un soldado del montón aceptar no poder verse reflejado en ese supersoldado guapo, rubio y de ojos azules: ¿Ves lo que haces a las personas? Puta leyenda. Puto héroe… Wham! Wham! Puñetazo… puñetazo… El dibujo de Daniel Zezelj es espléndidamente descriptivo y ajustado en todo momento a las pretensiones de la historia. Curiosamente, en las portadas originales yanquis apareció el logo de las Torres Gemelas, con un lacito con los colores rojo, blanco y azul en homenaje a las víctimas del 11-S. Es un detalle interesante. Como dijo Alan Moore: sacar a la gente de los escombros es algo normal en cualquier sitio del mundo excepto en América. Un croata como Macan debe saber de ello.

05.28.05
Estamos en ello…
05.25.05
Efímero nº 59
05.23.05
Dos obras sobre el ilusionista inglés
Personalmente, me quedo con el otro libro, Alan Moore, retrato de un caballero extraordinario, de Recerca Editorial. En este caso sí parece que se ha echado el resto y la obra es notable en muchos aspectos. Ideada como homenaje a Moore con la excusa de su 50 cumpleaños (aunque aquí apareció con algo de retraso y Moore ya había cumplido 51…), se trata de un compendio de trabajos de varias decenas de autores, que incluye artículos, cuentos, fotografías, ilustraciones, historietas, fotomontajes, poemas, ensayos sesudos (algunos hasta demasiado, diría yo) e incluso una entrevista con el propio Moore. Todo ello obra de antiguos colaboradores, analistas, admiradores y demás fauna. Vamos, sólo hubiera faltado incluir un DVD con sus representaciones mágico-teatrales y una chapita smiley para que el regalo fuera redondo. El libro es en sí una excelente caja de sorpresas, una pequeña joya que da ejemplo de lo que se puede llegar a hacer cuando un montón de gente está interesada y unida por una causa común. Es destacable el detalle de que todo lo recaudado con la venta del libro irá destinado a varias organizaciones que luchan contra el Alzheimer.
Entre lo más interesante o llamativo del completo contenido hay un cuento escrito por las hijas de Moore, Leah y Amber; un artículo estupendamente escrito del croata Darko Macan; una historieta-collage biográfica cortesía de Gary Spencer Millidge; otra del poco visto pero casi mítico Angus McKie; un largo texto de Stephen R. Bissette que logra pulsar nuestras sensaciones, u otra historieta con guión del mismo Moore, sin duda la mejor de las incluidas en el libro (¡deja algo para los demás, tío!). Pero todas éstas son gotas de excelencia en el verdadero torrente de creatividad que representa la obra, la cual recomiendo encarecidamente.
La portada, por cierto, es de un tal Enrique Jiménez Corominas, al que quizás ustedes puedan conocer y felicitar personalmente en cierto encuentro fantástico que se celebrará este mes de julio en la bella ciudad de Gijón.
¡Hala!, ya he tratado en este blog con Neil Gaiman, Clive Barker (un poco de pasada, es verdad) y ahora Alan Moore. Mi deuda con los Grandes Maestros de la Gran Bretaña está saldada, de momento.
05.19.05
Volviendo al temita
05.18.05
Piano Man

Dicen que la noche de su desgracia, en el barco se celebraba un gran funeral. Uno de los más Antiguos había abandonado este plano de existencia, quizás para siempre. Los lacayos humanos desearon, a su modo tradicional, despedirse con música; una pieza fúnebre de cuatrocientos años, muy joven en comparación con aquél cuya marcha envolvía en acordes aplastantes. El pianista, al que las chicas (y los chicos) adoraban, no entendía en este mundo más que lo que su música le dictaba, y aunque no sabía exactamente para quién (¿o qué?) desataba su arte, cumplió, entusiasmado por ser el centro de atención. Pero la noche era muy larga, y el ambiente del gran salón, opresivo. El joven estaba bebiendo desde que se sentara ante el piano. Vodka sueco, claro. Los efectos de la bebida patria, que otrora adormecieran sus sentidos, entraron en comunión con las miasmas que parecían rodear el barco, y consiguieron exaltar sus nervios. Cuando le pareció ver que en la sala había mucha más gente de la que embarcara en un puerto ya olvidado, comenzó a sentirse enfermo. Mucha más gente, de rara tez y miembros mal proporcionados, que parecía reflejarse en los espejos como borrones de bruma. Una botella de vodka se rompió, y los cristales, caídos junto al taburete del músico, reflejaron las últimas luces, antes de que se apagaran. No sabemos si lo arrojaron por la borda o él mismo huyó al seno de las olas. Probablemente esto último. Su cuerpo fue encontrado cerca de la costa inglesa, empapado y caminando sin dirección. Su espíritu seguía a bordo del enorme barco que, tragado por la noche, tomaba rumbo hacia el puerto más profundo de todos, envuelto en locos y desagradables acordes de piano.

05.16.05
Zidane, protagonista de un cómic

No hace demasiado tiempo, en este país los héroes eran cowboys y futbolistas, y todos y cada uno de los niños vivían su infancia ilusionados por llegar a ser alguna vez como ellos. Hoy en día los cowboys están bastante desprestigiados, comprobado ya que sus correrías en el escenario del mundo real se han trasformado en trapacerías varias y baños de sangre. Los futbolistas, sin embargo, (y con el permiso de Fernando Alonso, por supuesto) continúan siendo ídolos totalmente actuales que desbancan con frecuencia a dioses y superhéroes en los altares de la adoración juvenil. No importa que la mayoría de ellos sean en realidad ídolos con pies de barro; que con frecuencia su presunto esfuerzo deportivo sea poco más que una impostura y que se hayan convertido en modelos de pasarela y frecuentadores de la alta suciedad más que en los deportistas con talante (helénico, claro) que deberían ser. La sombra del fútbol continúa siendo alargada… Con frecuencia sus icónicas presencias han sido reconvertidas en personajes de ficción: cine, televisión y tebeos han sido los soportes más utilizados para dar fe completa de que, más que seres humanos, Pelé y compañía alcanzan el estatus de semidioses. Parece que le ha tocado el turno a Zidane de pasar a las viñetas como carácter inspirador del afán de superación que todo infante de baja cuna debe tener para llegar a triunfar en este mundo, es decir: ser futbolista. Y es que en el tebeo se narra precisamente con detalle su infancia y sus primeros escarceos con el deporte rey, así como su trayectoria juvenil. El cómic, casi como no podía ser de otro modo, está destinado a recaudar fondos para una asociación benéfica centrada en los niños. Sor Emmanuelle se ha encargado de llevar este proyecto a buen término y la editorial Casterman de darle el soporte necesario. Pero tranquilos, que no es la hermana la que se pone a los lápices, sino los dibujantes Michel Pierret y Marco Venanzi. No tengo el gusto de conocer a ninguno de los tres, en todo caso.
05.15.05
¿Quién me conoce?
Siento decirlo, pero no me gustan esos típicos blogs en los que su autor escupe al aire virtual una más que excesiva carga de frustraciones, anhelos, esperanzas y desesperanzas y demás equipaje emocional. Es, en gran medida, como si uno, o una, se desnudara ante los ojos de los vecinos de enfrente, aunque peor. Se queda uno, o una, sin defensas. Desnudo. Desollado. Pelado. No, no me va ese rollo, definitivamente. Huyo de esos blogs como de la malaria. Son difíciles de seguir y acaban por deprimir a quien no lo estaba, normalmente. Y, por supuesto, jamás de los jamases se me ocurriría utilizar el espacio virtual de que quiero disponer con esos fines. ¿Sabéis, por cierto, que existe una cosita denominada diario personal, con hojas en blanco y donde queda muy chula una escritura meticulosa y apretada, y el cual no se deja (repito: no se deja) leer a nadie? Pues existe… y los blogs no deben ni deberían ser un sustituto adecuado.
Por cierto, volviendo a lo de las modas, me he inscrito en el concurso de 20minutos para blogs personales, simplemente porque alguien me lo ha aconsejado y, aunque no tengo pensado ganar nada, alguna visita de más puede caer por aquí. Es un poco de publicidad gratis, por así decir. Seguiré intentando reseñar algunas obras que me parezcan reseñables, opinar sobre la actualidad del fandom, sobre los libritos de marras (he visto que ya tenemos otro Brown en las librerías; me parece perfecto, tú…) o – en uno de mis típicos ejercicios del vale todo – meter dibujillos y otras astracanadas.
Así que si has entrado buscando poemillas depresivos has errado. Pero no te preocupes, salta a un blog al azar y tienes muchas posibilidades de encontrártelos.
No te deseo suerte.