julio 31, 2005
La lucha contra el muermazo estival
Domingo; últimos coletazos dentro de muy poco. Pongámonos en situación. Termina otra semana y, según nuestro calendario, mañana hay que echar a rodar la maquinaria otra vez. Treinta y uno; último día de julio. Además de ser lunes, mañana es día uno. De agosto. Agosto es ese mes imprevisible y traicionero en que, a primera vista, todo queda como muerto, más todavía que en julio. Hay quien se va de vacaciones, es cierto. Y los que no (yo me incluyo) tenemos cierta tendencia a bajar el ritmo, como en un grito sordo de frustración ante tamaña injusticia. Todo se ralentiza en agosto. Las ciudades se visten de ciudades fantasma. La mitad de los bares y cafeterías, insidiosamente, quedan cerrados. Para hacérselo todavía un poco más cuesta arriba al que se queda. Por su parte, los veraneantes se aglomeran en otras zonas geográficas y, a poco que se descuiden, no lo pasan mucho mejor. Todo el mundo se hace el remolón en agosto. Se pierden las ganas. Se lee más que se escribe – puede ser – aunque esto no es malo, no. Muchos libros son sacrificados en agosto. Si es que uno no tiene que continuar trabajando, claro. En la Red, cosa curiosa, agosto también hace mella. No se postea tanto. Se pierde actividad por el camino; todo flojea. Como por arte de magia, en septiembre nos ponemos de acuerdo para volver a la vorágine y comernos el mundo. Parece incluso absurdo, pero es una más de esas normas que nos hemos puesto y aceptamos, sin reflexionar. Mientras tanto, agosto representa luchar contra la desidia y la vagancia repentina. Si eres capaz de aprovechar tu mes de agosto y sacar algo en claro, has triunfado. Recuerda: no es bueno dormir tanto.
Mañana damos el pistoletazo de salida. ¿estamos preparados?