09.29.05
Carolina en el diario QUÉ!
09.27.05
De nuevo Axxón
09.25.05
Viñetas de magia para Gotham
¿Cómo puede un dibujante de historietas ser tan exquisito y preciosista, y a la vez tan claro y eficaz narrativamente hablando? ¿Cómo es capaz de elaborar unas páginas que por sí solas, como unidad, son ejemplos perfectos de las más altas cotas de virtuosismo gráfico pero están siempre subordinadas al argumento, a la historia que cuentan? Ambas preguntas no tienen respuesta clara (el cómo) pero sí tienen una respuesta evidente al quién: P. Craig Russell. Parece que desde que pude al fin leer Elric: Stormbringer, la magia de Russell, un autor al que tenía poco menos que abandonado en mis lecturas, ha vuelto a contagiarme. Hace un par de semanas me encontré por casualidad dos números de la excelente Leyendas de Batman, de la añorada Ediciones Zinco, en visita concentrada a una librería de viejo. Esta colección, articulada por sagas o arcos argumentales de la mano de autores de talla, cuenta con un buen número de interesantes aventuras de nuestro hombre murciélago favorito. En sus números 40 y 41, John Francis Moore escribe una breve historia de título Hot House (Invernadero), protagonizada por Batman y Hiedra Venenosa; una trama de drogas, un par de sicarios… y un trasfondo algo más sentimental donde lo literario juega un papel importante en cuanto al trabajo del guionista. Las bondades del tebeo, empero, se ven magnificadas, como no podía ser de otra forma, por la mano de Russell, que en un trabajo menor en pretensiones y no en vano alimenticio, dentro del comercio superheroico (lejos de óperas, nibelungos y demás) resulta tan afortunado como de costumbre. Capaz de embutir diez o doce viñetas por página sin ser apelmazado ni pastoso; maestro en la diversificación de planos y encuadres de manera cabal y precisa; envidiable en sus dotes para realizar viñetas de gran complejidad informativa con un solo detalle o unas líneas que nunca están de más… un auténtico genio. Como píldora de muestra, las pocas viñetas que acompañan este texto. Como muy pocas veces he podido ver en un tebeo, el puño de Batman no solo golpea, sino que parece salir literalmente de la página, acercándose peligrosamente a nuestro rostro. Parece tan jodidamente sencillo… ni siquiera Corben ha conseguido convencerme de igual forma; él que ha abusado tanto del truco. La representación de Batman, además, es sobresaliente. Sobre todo el tratamiento de la capa del Señor de la Noche (elemento fundamental de su misterio) que deja en mantillas a todo un Wrightson y no digamos ya al coleccionista de bolas de béisbol apellidado McFarlane.
No sé si lo he comentado alguna vez, pero los genios son odiosos, odiosos, odiosos…
09.22.05
Asosiasción causal
Precisamente ayer he visto El secreto de los hermanos Grimm y hay un villano italiano cuyo perfil me resulta familiar. No, no, creo que me he equivocado. Tranquiiiiiilos…
09.16.05
Pesadilla cúbica
¿Por qué estas pesadillas son tan cerradas, tan asfixiantes? No queda espacio para no tocar a los monstruos. Ellos están contenidos en sus cubos de miedo. Yo estoy encerrado con ellos, y mis torpes apéndices tan sólo consiguen molestar mi huída. Pero a veces pienso que quizás ellos se sientan más seguros dentro de sus jaulas, sin tener que tocarme a mí. Claro que, entonces, ninguno de nosotros puede escapar.
09.13.05
LA BIBLIOTECA, con todas las mayúsculas
En La Tercera Fundación el hercúleo trabajo continúa. Durante estos meses se ha estado haciendo un esfuerzo enorme para que continúe. Por ahora, quedan flecos y cosas que arreglar, pero es que La Biblioteca es casi casi un ser vivo que no puede estar estancado, ni quedarse quieto. Siempre estará en movimiento; siempre mejorando. A título personal, La Biblioteca ha significado mucho para mí. Entre otras cosas, y aparte del mucho trabajo que me he metido durante algunas temporadas, he sido su coordinador durante la etapa naranja. Digo he sido, porque en este nuevo viaje esa responsabilidad ha pasado a otros. En estos últimos dos o tres años mi vida ha cambiado mucho; he ido de menos a más, metiéndome en la piel de una persona (de un Iván Olmedo, vamos) que necesitaba hacer cosas, desesperadamente. Así que muy pocas veces he dicho no. Pero en algún momento me vería superado, y ese momento ha llegado. No quiero seguir siendo coordinador de La Biblioteca, simplemente porque no puedo. Demasiada responsabilidad en un puesto con el que no soy capaz de asegurar que pueda cumplir. Mejor ser honesto y reconocerlo. Continúo siendo, eso está claro, bibliotecario de base. Un currante, un granito de arena en tan enorme playa. Un tipo emocionado, como al principio, con la posibilidad de añadir un dato más, una portada, corregir un error, ver cómo día a día continuamos vivos. No sé si es una hazaña, pero se necesita mucho tesón y mucha implicación para ser un auténtico bibliotecario.
09.11.05
Agotadoras vacaciones de tebeo
Es decir demasiado, quizás, pero es la realidad: si no has estado en las Jornadas del Cómic de Avilés no puedes siquiera imaginarte cómo es todo esto que estoy contando. Me dejo muchas cosas en el tintero y, desde luego, lo apuntado es solo una pequeña porción del gran pastel. Porque hay más, muchísimo más, juergas nocturnas incluidas. Pero para captar en toda su esencia el espíritu único de estas jornadas tendrás que venir y vivirlas por ti mismo.
Yo, mañana, vuelta al trabajo. Y el año que viene, vacaciones en septiembre, faltaría más…
09.05.05
Ser, estar o parecer
He estado terminando hace poco un dibujo un tanto elaborado que tenía aparcado desde hace semanas. No sé si lo enseñaré a mis familiares y amigos (probablemente no), o si lo pasearé por ahí en una carpeta junto a otros dibujos, o si saldrá a la luz en el blog, por ejemplo. Seguro que no, porque por su tamaño no puedo escanearlo, pero no es eso a lo que quiero llegar. Lo que quiero decir es que he dibujado porque tenía una serie de imágenes en mi cabeza y deseaba sacarlas de ahí de algún modo. Ese modo también puede ser un poema, un cuento o una historieta, lo de menos es la expresión definitiva, el lenguaje utilizado. También he puesto punto final a un cuento que, este sí, intentaré publicar en algún sitio. Pero la chispa del incendio ha sido parecida: de repente se me ocurrió una idea que, tirando del hilo, se fue desarrollando en forma de cuento. Tenía que escribirlo, no podía NO intentarlo. Y aquí choco con el tema inicial. El creador (perdón por la presunción), desde siempre ha estado nadando entre dos aguas. Se ha simplificado muchas veces al hablar de vender mi arte o mi arte no está en venta. Si bien en un principio los motivos para expresarse son netamente naturales, es ineludible que más tarde o más temprano la idea de la fama, el dinero o, como poco, un estatus de ligera superioridad respecto a los demás, prenda en nuestro cerebro. Si lo incendia, es entonces cuando tomamos un camino equivocado, aunque fuera para llegar al mismo – o parecido – destino. Y entonces se crea, se inventa, no por necesidad de expresión, sino para competir y llegar a lo que otros han llegado. Y ese es el camino menos puro, a mi entender. En cuanto entramos en ese juego, todo se distorsiona y pierde la esencia de lo que debería ser. Y en el fondo, la motivación de esa señorita que salta de cama en cama y del que quiere ganar un Ignotus a toda costa ( es un ejemplo que los lectores de este blog pueden comprender) es la misma. Ni follar por amor, ni escribir por necesidad. O al revés…
Es posible que el sentido de estas palabras sea malinterpretado. De hecho, será lo más probable. Vivimos en un mundo en el que casi todo es malinterpretado, porque nos gusta más hablar antes de pensar que reflexionar un par de minutos. Por no mencionar el disparar antes de hablar; ese es otro tema. Solo la certeza de esa escasa capacidad para detenerse a reflexionar ya me parece extremadamente grave. A veces es complicado hacerse entender. A lo mejor, al final lo conseguimos. Aunque vayamos por caminos equivocados.
09.03.05
Arena
Dos luchadores por vez, esa es la regla en mi Arena. Ni uno más hasta que haya muerte. Sé lo que el público busca, lo que quieren oler los espectadores… yo soy un espectador, por supuesto. Dos seres vivos, bombeando sangre y desesperación. Mujer contra mujer; león contra oso; hombre contra toro; toro contra mujer; mutante contra cyborg… y, al final de la temporada, uno contra la soledad del vencedor. Es el mayor espectáculo del mundo, ya lo creo.
09.01.05
Si me divierte no puede ser malo
El primer monumento a la carcajada lleva por título Santo y Blue Demon contra el Doctor Frankenstein. Se trata de una de las numerosas incursiones que el más famoso de los luchadores enmascarados mejicanos hizo en el cine palomitero, junto a otro de los grandes, el Blue Demon del título, evidentemente. La premisa argumental, con un nieto de Frankenstein secuestrando chicas para realizarles operaciones cerebrales, resulta de lo más simple dentro del repertorio de la serie B de todos los tiempos. Al consabido menú de mad doctor con secuaces estúpidos hay que añadir aquí el aliño absolutamente personal del particular mundillo de la lucha mejicana, tan emparentado con los superhéroes norteamericanos (de los que no son más que un reflejo económicamente débil) que aporta las dosis mayores de bizarrez. La primera imagen de Santo y Blue Demon comiendo en un restaurante, con sus inseparables máscaras puestas, faltaría más, es de una antinaturalidad asombrosa. Van pasando los minutos y lo esperpéntico de la situación se convierte en algo perfectamente comprensible. Aquí no existe un hombre, sino una máscara, un nombre de guerra. Y hay que aceptar las reglas del juego. Mención aparte para los impagables diálogos, que resultan desternillantes a fuerza de estúpidos. Algunas situaciones corren igual suerte: ¿qué hacen cuatro policías con casco encerrados en un coche a las tantas de la mañana en un desierto barrio de la ciudad?, ¿por qué todas las puertas de la guarida del malo son opacas menos la del quirófano, que es trasparente?, ¿por qué los dos fornidos luchadores entran en la casa de las chicas destrozando con estrépito una ventana para indicarles después con señas que no hagan ruido…? Carcajadas a raudales.
Pero la auténtica joya del trash llegó de la mano de El Charro de las Calaveras. Este individuo, en la tradición de El Coyote o el Llanero Solitario; un justiciero no muy convencido ni convincente, protagoniza (por llamarlo de algún modo) un indisimulado filme de sketches donde se mide con un licántropo de a duro, un vampiro que da auténtica pena y un jinete sin cabeza que horripilaría al mismísimo Tim Burton. Todo ello a plena luz del día, aunque intenten convencernos de lo contrario. Película espantosa donde las haya, que deja a Ed Wood a la altura de Sergio Leone, comenzando por el trajecito del Charro, donde destacan unos brazaletes estilo SS; continuando con las caretas de los monstruos, que no se pondría uno ni en el carnaval cutre del barrio; siguiendo con lo absurdo de las situaciones, lo descolocado del héroe, lo sumamente imbécil de los diálogos y la torpeza infinita de las peleas. Si con los luchadores enmascarados la marea de risas fue continua, con esta desgracia el público pasaba de la risa a la incredulidad en cuestión de nanosegundos. Como en cualquier joya de Ed Wood (lo de Leone era broma) el montaje tampoco tiene mucho sentido, y aunque la historia es tan ramplona que nos enteramos igual de lo que pasa, si por el director fuera nos quedábamos a dos velas. Una pieza deleznable, en fin, que hay que ver para creer, definitivamente. Argumento paupérrimo, interpretaciones pésimas, dirección aberrante, efectos especiales aterradores (ese murciélago de cartoncillo, esa cabeza de plastilina… esa alucinante trasformación del hombre lobo…) que la convierten sin duda en una de las peores películas jamás filmadas. Pero ha sido divertido y, evidentemente, vale la pena.
Y quedan tantas basurillas por descubrir… cuánta diversión nos estamos perdiendo…
