02.28.07

Dos más

Publicado en Publicaciones Propias a 9:27 pm por ivanolmedo

Es reconfortante llegar a casa una tarde noche cualquiera, después de un día de trabajo duro, andamio arriba y andamio abajo, mojándose y aguantando a algún que otro gilipollas (que sí, que existen, que los hay…) y comprobar que un par de textos mínimos, efímeros, han sido soltados en el inmenso océano de internet y ya nadan a sus anchas, ignorantes de los problemas y los aguantes de aquel que los ha engendrado.
Necronomicón número 14, con dos microrrelatos de quien esto firma, y otras aportaciones de J.J. Arnau y Manuel Torcuato. Desearía que la cadencia del Necro fuese mayor, y que mi propia cadencia viniese a aliviar los padecimientos diarios. Pero, como diría Calamaro: no tengo tiempo, pero no me arrepiento; ser como el viento no es una maldición…

02.18.07

El Zocofán (17)

Publicado en El Zocofán a 4:41 pm por ivanolmedo

El coleccionismo forma parte inseparable de nuestras vidas, para qué engañarnos. Coleccionar puede resultar para algunas personas un mero pasatiempo, una forma de relajarse o, para otras, llegar a convertirse en obsesión, modo de vida o negocio. Grandes coleccionistas, como Ed Gein o Imelda Marcos han dado fe de que los objetos a coleccionar pueden ser de muy variada índole. Pero, sin llegar a esos extremos, no me cabe duda de que casi todos llevamos un coleccionista dentro. Colecciones habituales, ya se sabe: las de sellos, las de monedas, los almanaques de bolsillo, los posavasos, vitolas, pegatinas, etc… También hay que decir que todas ellas quedan como un poco tristes y escasamente originales. Después, obviando a los coleccionistas de cómics (especie aparte) se abre todo un universo de posibilidades: viejos aparatos de radio, cerditos, búhos, etc… fabricados en todo tipo de materiales, bolsas vacías de patatas fritas, latas de cerveza, suspensos en el instituto…
Frikis y coleccionismo, por otra parte, van de la mano. Un friki no se limitará a coleccionar sellos; coleccionará sellos de personajes Marvel. Los posavasos deberán llevar estampas de estrellas del wrestling; las monedas pertenecer a países imaginarios; los almanaques representar lo más granado de los personajes animados Warner; las vitolas adornarse con el careto de Ford Fairlane, detective rocanrolero…Para un coleccionista, ser friki es un plus de excelencia.
Por eso un coleccionista friki apreciará insignificantes objetos como esta serie de Macrotazos Monster, donde la mascota de unos mal llamados aperitivos se transforma en varios populares monstruos cinematográficos. Serie de cinco piezas, tan solo he conseguido estas tres, correspondientes a las versiones de Alien, Freddy Krueger y el Hombre Lobo. Sin duda, objetos zocofán por los cuatro costados. Bien… no, que son redondos. Los habituales ya sabéis a qué me refiero.
Continuará…

02.11.07

La compra del año

Publicado en Sandeces a 2:29 pm por ivanolmedo

Todo empezó con una visita al Toys”r”us, lugar que evidentemente no suelo frecuentar, pero un par de disculpas me sirvieron para acercarme por allí: una, la búsqueda de algún complemento que utilizar con mi disfraz de la próxima AsturCon – que ahora, con los carnavales encima, es más fácil de encontrar – y dos: que Caro no conocía semejante imperio juguetero y la idea de pasearse por allá no era del todo mala. Aún debo decir que sí, lo siento, aparte de la joya que ahora mencionaré, encontramos un objeto carne de Zocofán, que será convenientemente usado otro día y, además, unas bolsitas de las chuches mencionadas en el post anterior, con tan buena fortuna que he conseguido otro muñecazo para la colección: La Mosca. Lo que demuestra que el buen zocofanhunter debe mantenerse en perpetuo movimiento y ojo avizor.

Pero el shock del día, que no será una sorpresa ya para vosotros, escasos pero fieles lectores, ya que hay foto, fue encontrar durante la visita a la sección más interesante, la de las figuras, este pack de Marvel Legends, ni más ni menos que con los monstruos Marvel de los setenta. Yo, que hasta ahora envidiaba el magnífico Dr. Extraño (de la misma serie) que luce Rudy en su vestíbulo, he superado todas mis expectativas. Cuando mis ojos se posaron sobre semejante delicatessen, corrí con el corazón en un puño – como cualquiera de los numerosos infantes que por allí pululaban, arrebolados ante los ponis de tamaño natural, los sombreros de pirata y los peluches a los que aprietas el bajo vientre para que digan alguna chorrada – y me hice con la caja que nunca hubiera esperado tener entre mis manos. ¡El Drácula de Wolfman y Colan! ¡El Werewolf by night de Ploog! ¡El Frankenstein de Monsters Unleashed! ¡El Zombi de la mítica Tales of the Zombie! A mis ojos, algo absolutamente increíble. ¡La Marvel terrorífica setentera en todo su esplendor! Sin duda una compra difícilmente superable este año, y eso que acabamos de empezar.
Creo que el post no refleja la emoción que siento pero es que, además, soy incapaz de concentrarme en la escritura. No dejo de mirar la caja que tengo aquí al lado. Una lagrimilla de nostalgia friki está a punto de brotar de mis ojos.

Nuff said!!!!

Sniff, sniff…!

Sniff said!!!!

02.07.07

El Zocofán (16)

Publicado en El Zocofán a 7:02 pm por ivanolmedo

Debo corregir – desilusionar, incluso – al amigo Alejandro y subrayar una vez más que no, que no tengo demasiado tiempo libre y no me dedico a rebuscar materiales para este Zocofán ya que, por otra parte, el blog no es la luz que guía mi existencia ni lo que verdaderamente me desvela. Sin embargo, con una pasmosa frecuencia, encuentro objetos y chucherías que vienen que ni pintados para continuar la labor rescatadora a la que me he lanzado. Y la simple visita a un hipermercado puede resultar fructífera. Mientras uno va en busca de las bolsitas de té y la pasta dentífrica con microgránulos, se topa de narices con sorpresillas como ésta. Dudo en utilizar de nuevo la palabra batiburrillo, por explotada, pero lo cierto es que esta bolsita de chuches que contemplamos no es más que eso: un recipiente de bagatelas sobrantes a las que se han añadido unos cuantos lacasitos y caramelos blandos – para justificar lo de chuches – y donde encontramos desde dinosaurios de plástico y colorines hasta los viejos ComanBoys de escaso recuerdo. Y, lo que más interesa aquí, ejemplares de una colección de monstruos clásicos de muy buena factura. Así, por un mísero euro la bolsita, me he hecho con un Vampiro, una Vampiresa, un Fantasma de la Ópera, una Muerte y el Jorobado que aporto como muestra. Todos ellos van a acompañar al Zombi y al Jack el Destripador que ya poseía de la misma serie y que me habían costado, por separado, el triple.
Barrimos con todo: posteriores visitas al punto exacto del yacimiento no nos aportaron, por desgracia, ningún otro hallazgo. Pero no nos preocupamos. Cualquier otro día, cuando menos te lo esperes… ¡zas!

02.04.07

Crea tu personaje en un pispás

Publicado en Sandeces a 12:56 pm por ivanolmedo

Gracias a Sergio, acabo de conocer y probar este generador instantáneo de personajes, muy completo y divertido, donde todos podemos poner a prueba nuestras dotes creativas y comprobar hasta qué punto tenemos mano para el tema o no. En un primer intento me ha salido esto, que creo no está nada mal. Os animo a probarlo; las posibilidades son enormes. Y animaros también a subirlo a vuestros blogs…
HeroMachine

02.03.07

El faro de la última orilla, de Stephen Marlowe

Publicado en Impresiones literatas a 10:57 am por ivanolmedo

Se abre la novela con una cita: “ ¿Acaso no es todo lo que vemos o parecemos sólo un sueño dentro de un sueño?”.
Terminada la lectura y pasada su última página, esta frase adquiere todo su significado. El faro de la última orilla es un texto de fantasía evocadora; realidad y sueño se confunden, ¿no es acaso lo mismo vivir una realidad que creer que se está viviendo una realidad?
Los últimos y desgraciados días de vida de Edgar Allan Poe, secuestrado literalmente por agentes de cierto partido político; agonizante poco después sobre una cama en el Hospital de Baltimore, son la excusa perfecta que da pie a la narración. Poe se retrotrae y cobija en los recuerdos de su pasada existencia, alumbrando sus vivencias en compañía de amigos, enemigos, amantes y esposa; confundiendo en su lecho de moribundo las “verdaderas” personas de su vida con los “personajes” de su vida literaria. Ambas “vidas” jamás estuvieron del todo separadas. Llegados a un punto, es difícil discernir el límite entre lo sucedido realmente y lo que Poe ha creído en verdad experimentar. Sus conversaciones con C. Auguste Dupin, célebre detective diletante creado por él mismo, son muy reveladoras a este respecto, así como sus viajes a París (en donde el autor jamás estuvo), o a la idealizada isla de Panchatán, escenario de unas surrealistas aventuras en las que él mismo toma a la vez el papel de creador y protagonista. Tal es el deseo de Stephen Marlowe de incidir en su idea, de mostrarnos este maremágnum de realidad distorsionada, que en ocasiones la lectura se hace un poco confusa; es necesario estar atento a cada giro de la trama, y a cada desplazamiento de los personajes dentro de ella. Curiosamente, aunque la novela está abundantemente poblada de personajes, tanto reales como imaginarios, hay uno que se convierte en protagonista casi absoluto, y ése es Edgar Allan Poe. Todo gira en torno a su figura, como en torno a un sol ya moribundo; él es el motor y el alma de la historia. Ya sea en su identidad de Phidias Peacock o en la de Thomas W. Fredericks- lo que puede dar una idea de lo esquizofrénico de la trama urdida- la figura de Poe consume a todas las demás, que no parecen si no pálidos reflejos fantasmales que acompañan al espectro supremo, un Poe que se representa en la novela tan pronto como un volcán de ideas y de ilusiones condenadas al fracaso, como un ente herido y confuso, sepultado por la terrible convulsión de lo que sin duda fue su prodigiosa mente.
Stephen Marlowe ha optado por intentar parir una novela genial. La idea es tan hipnótica y el resultado final tan monstruoso como se podría esperar: es una novela brillante, aunque no genial. El texto, formado por multitud de capas, sin duda resulta enriquecedor para el que lo lee; resulta enigmático, a la vez que divertido, pasar cada nueva página, avanzar un tanto más en lo que se cuenta, para ver hacia dónde nos lleva. Al final no nos lleva a ningún terreno nuevo, el juego del autor- ya avisados- lo hemos seguido desde el principio: constatar, según la maravillosa teoría de todo aquel que goce de- y con- las exultantes quimeras de la imaginación, que “la vida es sueño”.
En definitiva, una muy recomendable lectura; considerar también que la prosa de Marlowe es todo lo correcta que se pueda desear, y sus descripciones de escenarios y personajes, más que ilustrativos. Tengo la impresión, de todas formas, de que con una segunda lectura, el libro ganará en riqueza. De aquí a unos años, se verá.
Publicado originalmente en el Sitio de Ciencia Ficción