02.28.07
Dos más
02.18.07
El Zocofán (17)
El coleccionismo forma parte inseparable de nuestras vidas, para qué engañarnos. Coleccionar puede resultar para algunas personas un mero pasatiempo, una forma de relajarse o, para otras, llegar a convertirse en obsesión, modo de vida o negocio. Grandes coleccionistas, como Ed Gein o Imelda Marcos han dado fe de que los objetos a coleccionar pueden ser de muy variada índole. Pero, sin llegar a esos extremos, no me cabe duda de que casi todos llevamos un coleccionista dentro. Colecciones habituales, ya se sabe: las de sellos, las de monedas, los almanaques de bolsillo, los posavasos, vitolas, pegatinas, etc… También hay que decir que todas ellas quedan como un poco tristes y escasamente originales. Después, obviando a los coleccionistas de cómics (especie aparte) se abre todo un universo de posibilidades: viejos aparatos de radio, cerditos, búhos, etc… fabricados en todo tipo de materiales, bolsas vacías de patatas fritas, latas de cerveza, suspensos en el instituto…Frikis y coleccionismo, por otra parte, van de la mano. Un friki no se limitará a coleccionar sellos; coleccionará sellos de personajes Marvel. Los posavasos deberán llevar estampas de estrellas del wrestling; las monedas pertenecer a países imaginarios; los almanaques representar lo más granado de los personajes animados Warner; las vitolas adornarse con el careto de Ford Fairlane, detective rocanrolero…Para un coleccionista, ser friki es un plus de excelencia.
Por eso un coleccionista friki apreciará insignificantes objetos como esta serie de Macrotazos Monster, donde la mascota de unos mal llamados aperitivos se transforma en varios populares monstruos cinematográficos. Serie de cinco piezas, tan solo he conseguido estas tres, correspondientes a las versiones de Alien, Freddy Krueger y el Hombre Lobo. Sin duda, objetos zocofán por los cuatro costados. Bien… no, que son redondos. Los habituales ya sabéis a qué me refiero.
Continuará…
02.11.07
La compra del año
Pero el shock del día, que no será una sorpresa ya para vosotros, escasos pero fieles lectores, ya que hay foto, fue encontrar durante la visita a la sección más interesante, la de las figuras, este pack de Marvel Legends, ni más ni menos que con los monstruos Marvel de los setenta. Yo, que hasta ahora envidiaba el magnífico Dr. Extraño (de la misma serie) que luce Rudy en su vestíbulo, he superado todas mis expectativas. Cuando mis ojos se posaron sobre semejante delicatessen, corrí con el corazón en un puño – como cualquiera de los numerosos infantes que por allí pululaban, arrebolados ante los ponis de tamaño natural, los sombreros de pirata y los peluches a los que aprietas el bajo vientre para que digan alguna chorrada – y me hice con la caja que nunca hubiera esperado tener entre mis manos. ¡El Drácula de Wolfman y Colan! ¡El Werewolf by night de Ploog! ¡El Frankenstein de Monsters Unleashed! ¡El Zombi de la mítica Tales of the Zombie! A mis ojos, algo absolutamente increíble. ¡La Marvel terrorífica setentera en todo su esplendor! Sin duda una compra difícilmente superable este año, y eso que acabamos de empezar.
Creo que el post no refleja la emoción que siento pero es que, además, soy incapaz de concentrarme en la escritura. No dejo de mirar la caja que tengo aquí al lado. Una lagrimilla de nostalgia friki está a punto de brotar de mis ojos.
Nuff said!!!!
Sniff, sniff…!
Sniff said!!!!
02.07.07
El Zocofán (16)
Barrimos con todo: posteriores visitas al punto exacto del yacimiento no nos aportaron, por desgracia, ningún otro hallazgo. Pero no nos preocupamos. Cualquier otro día, cuando menos te lo esperes… ¡zas!
02.04.07
Crea tu personaje en un pispás
Gracias a Sergio, acabo de conocer y probar este generador instantáneo de personajes, muy completo y divertido, donde todos podemos poner a prueba nuestras dotes creativas y comprobar hasta qué punto tenemos mano para el tema o no. En un primer intento me ha salido esto, que creo no está nada mal. Os animo a probarlo; las posibilidades son enormes. Y animaros también a subirlo a vuestros blogs… 02.03.07
El faro de la última orilla, de Stephen Marlowe
Terminada la lectura y pasada su última página, esta frase adquiere todo su significado. El faro de la última orilla es un texto de fantasía evocadora; realidad y sueño se confunden, ¿no es acaso lo mismo vivir una realidad que creer que se está viviendo una realidad?
Los últimos y desgraciados días de vida de Edgar Allan Poe, secuestrado literalmente por agentes de cierto partido político; agonizante poco después sobre una cama en el Hospital de Baltimore, son la excusa perfecta que da pie a la narración. Poe se retrotrae y cobija en los recuerdos de su pasada existencia, alumbrando sus vivencias en compañía de amigos, enemigos, amantes y esposa; confundiendo en su lecho de moribundo las “verdaderas” personas de su vida con los “personajes” de su vida literaria. Ambas “vidas” jamás estuvieron del todo separadas. Llegados a un punto, es difícil discernir el límite entre lo sucedido realmente y lo que Poe ha creído en verdad experimentar. Sus conversaciones con C. Auguste Dupin, célebre detective diletante creado por él mismo, son muy reveladoras a este respecto, así como sus viajes a París (en donde el autor jamás estuvo), o a la idealizada isla de Panchatán, escenario de unas surrealistas aventuras en las que él mismo toma a la vez el papel de creador y protagonista. Tal es el deseo de Stephen Marlowe de incidir en su idea, de mostrarnos este maremágnum de realidad distorsionada, que en ocasiones la lectura se hace un poco confusa; es necesario estar atento a cada giro de la trama, y a cada desplazamiento de los personajes dentro de ella. Curiosamente, aunque la novela está abundantemente poblada de personajes, tanto reales como imaginarios, hay uno que se convierte en protagonista casi absoluto, y ése es Edgar Allan Poe. Todo gira en torno a su figura, como en torno a un sol ya moribundo; él es el motor y el alma de la historia. Ya sea en su identidad de Phidias Peacock o en la de Thomas W. Fredericks- lo que puede dar una idea de lo esquizofrénico de la trama urdida- la figura de Poe consume a todas las demás, que no parecen si no pálidos reflejos fantasmales que acompañan al espectro supremo, un Poe que se representa en la novela tan pronto como un volcán de ideas y de ilusiones condenadas al fracaso, como un ente herido y confuso, sepultado por la terrible convulsión de lo que sin duda fue su prodigiosa mente.
En definitiva, una muy recomendable lectura; considerar también que la prosa de Marlowe es todo lo correcta que se pueda desear, y sus descripciones de escenarios y personajes, más que ilustrativos. Tengo la impresión, de todas formas, de que con una segunda lectura, el libro ganará en riqueza. De aquí a unos años, se verá.

