02.13.08
Lagrimillas
Es de noche. Tras cada ventana, una luz. Y envuelta en cada luz, una vida. Raramente no ocurre así. Tan solo en los primeros momentos de una civilización que ha muerto, es posible que todavía arda una luz sin vida. Yo sigo vivo, pero no veo a nadie a mi alrededor. No oigo ninguno de los sonidos de la noche. Y me pregunto: ¿acaba de morir mi civilización, sin yo enterarme? ¿O todos seguimos vivos y yo he dejado de sentir? O, mejor aún, ¿cuándo sabe uno a ciencia cierta cuáles son los primeros momentos de una civilización que ha muerto?
El cabrón del librero sabe bien lo que tiene entre manos. Por desgracia para mí, no es uno de esos advenedizos sudados que se desprenden de enciclopedias incompletas por cuatro duros. Ni tampoco un mentecato que adora el vil metal y vende papel usado al peso, sin importar género, edad o filiación. El cabrón del librero que he visitado esta tarde tiene buen material. Un ejemplar del primer número de Nueva Dimensión. Lleva una etiqueta sobre el plástico que lo protege: “Número 1 de la mítica publicación Nueva Dimensión; su cotización fluctúa entre 70 y 130 euros. En esta librería, 60 euros”. El librero es un cabrón. Tiene buen material. Y está hecho de buen material.
Como la Zona Cero, tú… igualito. Todo el pueblo abigarrado de edificios, asfixiado de chigres, y ahí, casi justo en medio, ese cacho de nada. Bueno, algo sí… hierbajos, cagadas, y algún arbusto, ¿por qué no? Antes había un parque. Sí, de los de toda la vida. Como los paisanos que he visto hoy jugando al tute, aporreando el tapete, mientras en la tele un culebrón mexicano y en la barra un camarero amargado. Rodeado de árboles, (el parque), cerrado, con sus rincones, ya me entiendes. Pero… los yonquis. Sí. Como se creían que era el Bosque de Sherwood y ellos los Alegres Compañeros de la Jeringa; y que era bueno robar a los pobres para dárselo a los más pobres; pues el Cherif decidió cortar por lo sano, que eran los árboles. Ya no hay emboscadas.
02.10.08
Rajando, que es oriundo…
