agosto 12, 2005

Cuatro lecturas, un visionado

Posted in Impresiones cinéfilas, Impresiones literatas, Impresiones tebeeras a 2:54 pm por ivanolmedo

Acabado he de leerme algunas cosillas que el muermazo estival , con su implacable poder de aplastar los cuerpos a la cama, el sofá o la hamaca y hacer que las ganas de laburar se pierdan en el infinito de la desidia, me ha regalado.

Longshot es la extravagante serie limitada de Marvel que allá por los primeros años ochenta pergeñaron unos jóvenes Ann Nocenti y Arthur Adams, un poco a salto de mata, con la ilusión manifiesta de quien desea contar un buen relato plagado de fantasía y demostrar que no todos los comics de superhéroes deben regirse por la misma fórmula impuesta y repetitiva hasta el cansancio. Y esa aparente inocencia de los jóvenes autores se ve reflejada en un personaje protagonista de aspecto andrógino (casi diría que virginal a la vez que potencialmente erótico) que encandila a mujeres y niñas y tiñe de envidia a los varones. Apodado Longshot – nombre real desconocido – es un tipo de corazón puro y buenas intenciones llegado de una dimensión ajena gobernada por invertebrados, de la que iremos conociendo más cosas número tras número de la miniserie. Aparte del propio Longshot, varios son los personajes que, afortunadamente creados, pasaron después a formar parte importante del universo marvelita. Destacar sobre todo al repugnante y enloquecido Mojo, su beligerante acólita Espiral y a Rita Carambola, especialista de cine y aventurera nata, interés afectivo del prota. Casi diría que por fortuna, la aparición de superhéroes es escueta: una más que traída por los pelos y con poco sentido de Hulka y Spiderman en el cuarto número (se la podrían haber ahorrado) y otra más sustanciosa del Dr. Extraño, que juega un papel de cierta enjundia en el desenlace. Por lo demás, Longshot es una aventura de ciencia ficción escrita por Nocenti con muchas ganas de innovar y dibujada por un Adams al que se le notan todos los tics y peros del principiante que busca dar todo lo mejor que sabe y va aprendiendo sobre la marcha. ¿El resultado? Un cuento repleto de imaginación y barroquismo gráfico que ofrece un escenario general muy explotable literariamente y unos personajes de los que sacar mucho jugo. La realidad es que esta limited serie ha quedado como pieza casi exclusivamente de culto, una de esas pequeñas rarezas que redescubrir cada cierto tiempo.

Y hacía ya bastante tiempo que no leía una novela de Stephen King. Tras el absoluto delirio de lecturas de los 80 y 90, cuando el de Maine estaba en pleno éxtasis literario y una tras otra casi todas sus obras fueron cayendo en mis garras, vino una paulatina falta de interés debido en parte a su tendencia a parir argumentos a piñón fijo y la evidencia de que sus tiempos de gloria habían pasado. Hace unos meses, como excepción, leí la desastrosa La chica que amaba a Tom Gordon, y no fue si no una especie de confirmación de mis temores. Pero es evidente que el que tuvo, retuvo, y que King continúa siendo un autor de valía, pese a prodigarse en exceso y no siempre con buen tino. Corazones en Atlántida me ha devuelto la fe. En realidad, salvo en la primera y más extensa historia, donde el universo de La Torre Oscura juega un papel, el resto de la obra carece de elementos fantásticos propiamente dichos. Las cinco historias que componen el libro giran en torno a un mismo grupo de personajes y están bañadas por la esencia de los años 70 y la muy personal época que se vivió en los Estados Unidos, focalizada la atención por la guerra fantasma de Vietnam. Corazones en Atlántida es, en realidad, el título del mejor de los relatos, a mi parecer, y si hay algo que sobresale en todos ellos es un magnífico sentido de la nostalgia y los sentimientos, algo que se le da perfectamente a King, tanto por lo menos como la invención de truculencias, y que ha quedado demostrado con el pasar de los años. Se implicará el lector fácilmente con los personajes, y creo que esta es una novela que encandilará tanto al fiel conocedor del autor yanqui como al lector ocasional.

Star Slammers es la serie limitada de cinco números que el siempre emprendedor Walter Simonson sacó adelante con ciertas dificultades en el extinguido sello Bravura de Malibú Comics, debiendo ponerle punto final en el sello Legend. Un space opera que bebe casi directamente de los clásicos literarios del género y donde hallamos ecos claros de enders, starship troopers y demás lindezas. Los Star Slammers (umm… ¿SS?) son un grupo de mercenarios espaciales de temible leyenda dotados con impenetrables y sofisticadas armaduras de combate uno de cuyos miembros, Rojas, protagoniza la miniserie al ser capturado, hecho este que se produce por primera vez en la Historia: la captura de un Slammer vivo. En general puede decirse que Simonson apunta pero no despliega del todo un montón de ideas interesantes que llenarían con rotundidad una serie regular, y que aquí tan solo se intuyen. Diría que a las cualidades de Simonson como excelente narrador, buen conocedor del medio, gran argumentista y portador de ideas interesantes, solo faltaría añadir una para que los lectores nos sintiéramos plenamente satisfechos: una perseverancia japonesa, una capacidad de trabajo oriental que nos permitiera disfrutar de muchas más páginas suyas y deleitarnos con su inigualable utilización de las viñetas, sin estúpidas restricciones, su dinamismo y su uso único de la onomatopeya como elemento importantísimo de lo narrado. Si no hay cantidad, de todas formas, debemos felicitarnos por tener a nuestro alcance su calidad.

Y he visionado la reciente versión de La Guerra de los Mundos, cortesía de Spielberg. Dejando aparte la aplastante realidad de tener que tragar a Tom Cruise como chupacámara durante el ochenta y pico por ciento del metraje, y de que todo está medido para su lucimiento absoluto, hay que reconocer que la película es una gozada. A pesar de lo del lucimiento y de lo alimenticio del trabajo, Spielberg es tan Spielberg que, como si nada, consigue tres o cuatro momentos cinematográficos realmente memorables. Toda la parte que se desarrolla en el escondite de un Tim Robbins adecuadamente patético, por supuesto, pero también los minutos iniciales, con las acojonantes tormentas y el descubrimiento de las anómalas máquinas marcianas; la escena donde la masa rodea el coche del protagonista, y lo que viene después; por no hablar de otras estampas sublimes, como la bajada de los cadáveres por el río, o unas panorámicas realmente aterradoras ( y gozosas para el buen aficionado a la ciencia ficción clásica, por qué no decirlo) donde podemos contemplar la implacabilidad de los trípodes marcianos extinguiendo vidas humanas cual niños pisoteando hormigas desesperadas y enloquecidas por huir. Lástima que Spielberg se emperre una y otra vez en meter final feliz como sea, aunque dé un poco el cante, y no sea capaz de librarse de alguna de sus obsesiones habituales. Tim Robbins y Dakota Fanning, ( esa niña de mirada alienígena que en la malísima El escondite no sólo replica a De Niro, sino que es lo mejor de la función ) por otra parte, hacen que me reafirme en mi opinión sobre el chaval ese de Top Gun

¡Ah!, por cierto… me he leído La princesa prometida, cosa que no había hecho hasta ahora. Solo diré que es una obra maestra, y que nadie debería esperar treinta años, como yo, para disfrutarla. Pero es que yo soy un rarito…

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1 comentario »

  1. Nacho said,

    Es curioso como una primera obra en toda regla como esa, en la que se “bautizaban” tanto la guionista como el dibujante, con un personaje de segunda fila llamado a ser una anécdota temporal en la franquicia mutante, destinada a un público de superhéroes pero con tantos elementos que chocan con este mundo, pueda llegar ser tan memorable. Atesoro el tomo de obras maestras en el que se reeditó como muy poquitos.

    Sobre los “Star Slammers”, es indudable la influencia del Dorsai de Gordon Dickson en estas historias, y una influencia muy bien digerida. Simmonson es capaz de hacer un buen cómic que también es buena ciencia ficción de acción y aventura. Algo que muy poquitos ha consumado. Aunque creo que esta miniserie está lejos de la novela gráfica que hizo 14 años antes sobre los mismos personajes. Es muy difícil de conseguir, pero merece la pena el esfuerzo.

    A ver si alguien nos trae lo que ha hecho con personajes de Michael Moorcock en los últimos años, que sólo nos lo publican en su vertiente superherocia. O, ya puestos, ahora que Planeta se dispone a repescar cosas del pasado de DC, su “Orion”, en el que aplica al universo de los Nuevos Dioses Kirbianos el tratamiento que le encumbró con “Thor”, sin Ragnarok and Roll. Aunque la cosa se le quedase a medio camino al cerrarse la colección 😦

    P.D: “La princesa prometida”. Llevo casi un año pensando en regalarme la edición del 30 aniversario, pero mejor lo haré con Paula, que todavía no la ha leído. Obra maestra.


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