febrero 3, 2007

El faro de la última orilla, de Stephen Marlowe

Posted in Impresiones literatas a 10:57 am por ivanolmedo

Se abre la novela con una cita: “ ¿Acaso no es todo lo que vemos o parecemos sólo un sueño dentro de un sueño?”.
Terminada la lectura y pasada su última página, esta frase adquiere todo su significado. El faro de la última orilla es un texto de fantasía evocadora; realidad y sueño se confunden, ¿no es acaso lo mismo vivir una realidad que creer que se está viviendo una realidad?
Los últimos y desgraciados días de vida de Edgar Allan Poe, secuestrado literalmente por agentes de cierto partido político; agonizante poco después sobre una cama en el Hospital de Baltimore, son la excusa perfecta que da pie a la narración. Poe se retrotrae y cobija en los recuerdos de su pasada existencia, alumbrando sus vivencias en compañía de amigos, enemigos, amantes y esposa; confundiendo en su lecho de moribundo las “verdaderas” personas de su vida con los “personajes” de su vida literaria. Ambas “vidas” jamás estuvieron del todo separadas. Llegados a un punto, es difícil discernir el límite entre lo sucedido realmente y lo que Poe ha creído en verdad experimentar. Sus conversaciones con C. Auguste Dupin, célebre detective diletante creado por él mismo, son muy reveladoras a este respecto, así como sus viajes a París (en donde el autor jamás estuvo), o a la idealizada isla de Panchatán, escenario de unas surrealistas aventuras en las que él mismo toma a la vez el papel de creador y protagonista. Tal es el deseo de Stephen Marlowe de incidir en su idea, de mostrarnos este maremágnum de realidad distorsionada, que en ocasiones la lectura se hace un poco confusa; es necesario estar atento a cada giro de la trama, y a cada desplazamiento de los personajes dentro de ella. Curiosamente, aunque la novela está abundantemente poblada de personajes, tanto reales como imaginarios, hay uno que se convierte en protagonista casi absoluto, y ése es Edgar Allan Poe. Todo gira en torno a su figura, como en torno a un sol ya moribundo; él es el motor y el alma de la historia. Ya sea en su identidad de Phidias Peacock o en la de Thomas W. Fredericks– lo que puede dar una idea de lo esquizofrénico de la trama urdida- la figura de Poe consume a todas las demás, que no parecen si no pálidos reflejos fantasmales que acompañan al espectro supremo, un Poe que se representa en la novela tan pronto como un volcán de ideas y de ilusiones condenadas al fracaso, como un ente herido y confuso, sepultado por la terrible convulsión de lo que sin duda fue su prodigiosa mente.
Stephen Marlowe ha optado por intentar parir una novela genial. La idea es tan hipnótica y el resultado final tan monstruoso como se podría esperar: es una novela brillante, aunque no genial. El texto, formado por multitud de capas, sin duda resulta enriquecedor para el que lo lee; resulta enigmático, a la vez que divertido, pasar cada nueva página, avanzar un tanto más en lo que se cuenta, para ver hacia dónde nos lleva. Al final no nos lleva a ningún terreno nuevo, el juego del autor- ya avisados- lo hemos seguido desde el principio: constatar, según la maravillosa teoría de todo aquel que goce de- y con- las exultantes quimeras de la imaginación, que “la vida es sueño”.
En definitiva, una muy recomendable lectura; considerar también que la prosa de Marlowe es todo lo correcta que se pueda desear, y sus descripciones de escenarios y personajes, más que ilustrativos. Tengo la impresión, de todas formas, de que con una segunda lectura, el libro ganará en riqueza. De aquí a unos años, se verá.
Publicado originalmente en el Sitio de Ciencia Ficción
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