junio 23, 2008

Lo tuyo es puro teatro

Posted in Opino que... a 6:51 pm por ivanolmedo

Fui al Infierno y estaba lleno, así que di la vuelta…

Como avanzaba el otro día, este fin de semana mi plan fue acercarme a un festival de jevi metal, más concretamente al KobetaSonik (primera edición, Bilbao, 2008, estado excelente, 70 euros) reunión paroxística de sonidos contundentes, camisetas negras y cerveza.

Un festival de jevi metal se celebra, generalmente, en un lugar escogido, amplio y apartado del centro civilizado por lo menos a 15 ó 20 minutos de carro, para no darles dolores de cabeza a los bienpensantes con los berridos guturales del jevi lacio de toda la vida, el olor a marihuana ( que tampoco tendrían que saber cómo huele la marihuana, ¿no? ), y las jovencitas borrachas enseñando las tetas y soltando palabrotas. Por no hablar de otras lindezas como el olor a pis ( 50.000 personas meando tienen tela ), las abigarradas acampadas que dan repelús al votante del PP o la concentración de sudores varios. Con mucha pasta de por medio, pues, pero con la marca indeleble de los outsiders, se celebró el mastodóntico festival vasko.

La cosa empezó el viernes, como debe ser, con la clásica escalada de actuaciones que fue desde los vespertinos grupos locales o de menor renombre hasta las nocturnas bandas estrella, que incluían a todos unos Helloween, Slayer y, colofón, los míticos Judas Priest, “los yudas” para el habitual. Tramo que me perdí, que ya no está uno para tantos trotes y hay que ir recortando los esfuerzos: con un día de festival voy sobrao. Así que madrugamos el sábado y, por eso de quitarnos más preocupaciones, tomamos el camino de Barakaldo en autocar, aunque no sea un medio santo de mi devoción. El viaje fue tranquilo por lo menos hasta Santander, lugar donde tomó asiento justo detrás de mí un individuo cargante que, pegado a mi oreja, no dejó de pontificar durante el resto del trayecto. El típico listillo entendido en todo, desde ignotos guitarristas de jazz a los pequeños pueblos cántabros con playa, pasando por la crisis de la construcción española o el cambio monetario internacional. Todo ello sin pausa y con modulada voz de aprendiz de tertuliano. El pobre chaval mexicano, ansioso por seguir conociendo mundo, que le sirvió de punching ball ( que no de sparring ) no sabía dónde se metía hasta que fue demasiado tarde.

Llegados por fin a Baraka y liberados del tormento, el siguiente lógico paso fue hacerse una ronda de pintxos y callejear un poco bajo el aplastante calor, que a última hora de la tarde se convirtió en un ambiente gris y tormentoso que no presagiaba nada bueno para quien habría de pasarse 8 ó 9 horas de pie en campo abierto. Un autocar estaba dispuesto amablemente por la organización para transportarnos desde el Bilbao Exhibition Center! ( un bloque gigante de metal, cristal, etc… feo y soso de narices ) hasta el monte Kobeta, sito a esos escasos 15 minutillos de margen de seguridad, por si se escapa algún troll. Y allí, pues… el ambientillo. Interminables hileras y aglomeraciones de gentes de largos cabellos ( una invasión sajona, parecía aquello ), tambores lejanos caldeando el ambiente y muchos besos, abrazos y cuernos en general.

Abrumados por el radical cambio de atmósfera, reconocimos el terreno inmenso, pasamos por las filas de vallas donde nos cachearon – a ojo – y ya empezamos a tirar foticas para inmortalizar el momento. Pensé que entre las miles de personas que abarrotaban aquello no llegaría a encontrar a ningún conocido, pero mira por donde fui a ver justo al que menos tenía ganas de ver…

Fobias aparte, rápidamente tomamos posiciones para ver el primer concierto que me interesaba, no sin antes canjear nuestro vil metal por unos vales y “degustar” unas raciones de emergencia de la comida basura que allí había disponible, la comida basura más basura y más cara de la Historia, probablemente. Corrimos un tupido velo sobre la frustrante experiencia y nos acercamos al escenario donde estaba a punto de iniciar su actuación Europe. Sí, eso he dicho: Europe. Atraído por una curiosidad malsana, disfruté – es un decir – durante una horita o así con los gorgoritos de Joey Tempest y su banda del IKEA. Las sensaciones me asaltaron y pensé que cuando hace 20 ( veinte ) años pululaba por los pasillos del instituto tarareando el tiruriru- tiruriruri- tiruriruri tiruriruriruri- tiruri tiruriruriruriiiii… ruriiii… poco podía imaginar que acabaría en pleno siglo XXI viendo a estos mendas en concierto, pero en fin… Un puñao de canciones pegadizas y el cierre esperado con el tirulero, coreada con una mezcla de guasa y sentimiento para uno de los temas rock más famosos de la Historia Mundial.

Y como ya creíamos llegar tarde al siguiente concierto, a celebrar en otro escenario ( un poco a lo Semana Negra, te ves pillado para estar en varios sitios a la vez ) bajamos corriendo la cuesta para disfrutar de la actuación de DIO. Unos minutos justitos y saltó a las tablas el bueno de Ronnie James, leyenda viviente del jevi metal ochentero, vocalista de Rainbow, Black Sabbath y su propio grupo, DIO, con el que consiguió ofrecer una buena ración – y contundente – de temas clásicos y potentes. Como detalle de su buena predisposición, Ronnie comenzó un par de canciones lentas que abortó en cuanto pudo para enlazar con otras más cañeras, demostrando que eso de que los viejos rockeros nunca mueren puede aplicársele a él más que a nadie. Y es que este portento nació en 1942… a echar cuentas…

Pero si el nivel era magnífico, todo palideció ante el concierto más esperado con diferencia: el de los míticos KISS. Eso hay que verlo para creerlo. Si nunca has estado en un concierto de KISS es imposible que comprendas de lo que estoy hablando. Ante lo que nuestros ojos y oídos pudieron experimentar, es evidente que no existe grupo en el mundo igual a éste. Los superhéroes de la Marvel abrieron fuego bajando de las alturas sobre una plataforma, guitarreando y alzando los brazos ante el aullido entregado de los miles de apretujados espectadores – entre los que me puedo contar, no necesariamente por lo del aullido – que no sabíamos que el espectáculo solo acababa de comenzar. Y después continuó el despliegue más inenarrable de rock, fuegos artificiales, performances, luces, humo y confetti que pueda imaginarse; el fiestón, como lo denominó Carolina; nuna habíamos visto cosa semejante. ¿No fueron judíos los que inventaron el superhéroe? Pues Simmons y Stanley, los dos judíos fundadores de KISS, inventaron el superhéroe en el rock. El espectáculo definitivo que aúna música y superpoderes. Y además, saben perfectamente cómo venderlo. Sería muy injusto, sin embargo, quedarse con la copla de que este grupo basa su atractivo únicamente en la parafernalia de lentejuelas, los roles de personajes de fantasía o el extraño magnetismo animal y teatral de Gene Simmons y su pequeño espectáculo de sangre y fuego. Los KISS evidenciaron ser unos músicos profesionales y entregados que tocaron durante casi dos horas y media, hasta que a Paul Stanley se le rompió la voz y a Simmons no le quedaba más dentro por escupir. El espectáculo tuvo varios cliffhangers y vueltas de tuerca que pusieron en vilo al fan que no quería irse de allí, ( y la presencia entre el público de alguna teutona demasiado alegre mostrando sus atributos, al fin y al cabo no sería un concierto de KISS sin algo así ) pero por suerte todos llevábamos un as en la manga: es impensable que la banda no eche el cierre con Detroit Rock City. Tras ésta, la caja de escenario que se había convertido en un circo de tres pistas ( ¿he dicho ya que Singer, el batería, fue elevado en el aire con todo su embolado?, ¿que Stanley cruzó por un cable tendido sobre la masa expectante hasta la torre central?, ¿que las llamaradas surgían del escenario constantemente, pudiendo sentirse muy de cerca su calor?, ) quedó a oscuras y nos retiramos lentamente con una sensación de vacío y cansadísimos. Se acabó el fiestón.

Aún quedaba un último concierto, el de los veteranos Saxon, que se vieron perjudicados por la circunstancia y el horario: las cuatro de la mañana, mucha gente tirada por los suelos y la momentánea sensación de que después de KISS no había nada. Derrengados, gastamos nuestros últimos petrodólares en una cerveza medianamente fresca y fuimos a buscar desesperadamente un bus que nos llevara de vuelta al feo BEC! No sufrimos de aglomeraciones, por suerte, y llegamos bastante bien librados al colchón hinchable que nos esperaba, ajeno a todo nuestro sufrimiento por la causa del metal.

¿Balance general?: excelente y exitoso festival, superadas todas las expectativas de la organización, y con un balance – pese a la pésima fama del género – de muertos y heridos muy inferior al de, por ejemplo, una muy decente obra de la construcción. Y sé de lo que hablo, en ambos casos.

En la próxima lección trataremos el tema de los vocalistas jevis que salen a escena con un polo de Lacoste. Y en la siguiente, por qué los jevis viejunos molan más que los de ahora. Y ambos temas entran en el exámen…

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