julio 30, 2008

¿Crees que esta A significa Avallon?

Posted in Opino que... a 11:12 am por ivanolmedo

He vuelto. Francia es interminable y aburrida. No me refiero a París, por supuesto, ni a las mediterráneas y corruptibles localidades costeras. Me refiero a la gigantesca Francia rural, podrida de girasoles, donde puedes hacer cientos y cientos de kilómetros sin cuento por estrechas carreteras y no llegar nunca, aparentemente, a tu destino. No me extraña nada que aquellos inocuos – perdón, quise decir inocentes – muchachos de Ohio que fueron a liberar Europa se perdieran en esas inmensidades verdes, amarillas y grises. Por no hablar de los pueblos – pintorescos, sí, es una palabra que les viene como anillo al dedo – que son lo único digno de ver entre tanto vacío. Paseando entre las casas de inclinados tejados de pizarra y las portillas de madera pintadas de verde o rojo casi espero encontrarme a la vuelta de la esquina con un Panzer Tigre agazapado en un lado de la plaza, junto a la vieja torre de la iglesia. Pero no es más que una deformación mía – fílmica – que no viene al caso. Un pequeño monumento nos recuerda los nombres de los caídos en la guerra más mítica de todas ( hay seis Broussard en la lista de un pueblo tan pequeño como Marigny l´Eglise¿salvar al soldado Broussard?) así que es imposible que Fritz siga por aquí haciendo de las suyas. En la campiña, los únicos que hacen ruido ya son los tractores y las lentísimas máquinas agrícolas, que en la distancia parecen pequeños escarabajos de hierro avanzando por una gran alfombra amarilla.

Nada tiene que ver con esta abulia la atroz tortura de Versalles. Jamás se te ocurra, ¡oh, lector! acercarte al palacio de Versalles en pleno mes de julio, y mucho menos intentar entrar a contemplar el exceso de sus salones. Tendrás que hacer cola en el patio, bajo un sol de justicia, quizás durante horas a no ser que, como nosotros, aproveches la confusión para colarte en plan no me entero de qué va la vaina… donde la mitad del personal que espera, al menos, es japonés y habla poco, pero cuando lo hace es a grito pelado, y donde más te vale haberte llevado un bocata o una botella de agua que te ayuden a pasar el mal trago lo menos escabrosamente posible. Por no hablar de adentrarte en los jardines bajo el sol aplastante; dudo mucho que esos gabachos empelucados del XVII tuvieran bemoles para adentrarse con todos sus perifollos entre los setos y los querubines de bronce bajo el ardor del mediodía francés. Desde la entrada al palacio hasta el Gran Trianón – el pisito de María Antonieta – hay una caminata que ni la Larga Marcha del maestro King.

Mucho más tranquila y satisfactoria fue la visita a uno de los muchos castillos que adornan la Borgoña ( región lejanísima que nos hospedó ) concretamente el de Chastelloux, restaurado y conservado a medias, abierto hace poco al público y carente del agobiante oropel de la capital. Si digo que está al lado de Avallon, que tiene esta pinta que vemos arriba y que bajo él hay un lago sobre el que flotan unos graciosos girones de niebla matutinos, sólo hace falta desatar un poco la imaginación para llegar a ver surgir del agua la mano de una zorra repartiendo espadas o a un grupete cualquiera de escuderos retozando por los bosques espesos que rodean las torres de piedra, en una de las cuales quizás se encuentre un mago en camisón preparando potingues de textura viscosa y poco claro destino.

Y hablando de Avallon, merece la pena una visita a esta ciudad, que conserva una parte inequívocamente medieval y encantadora, incluyendo una iglesia cuyo interior huele a pasado y oprime bastante el ánimo del visitante. Por lo menos hasta las siete de la tarde ( hora del toque de queda, amigos; los vecinos cierran sus contraventanas, los comerciantes cierran sus negocios y la vida se va al garete; todo lo contrario que en nuestra amada España, donde la vida comienza a partir de ahí ) podrás disfrutar de sus calles con sabor turístico, de un buen puñado de exposiciones repartidas por la ciudad y de sus terracitas donde sentarse reposadamente a tomar cassis o diábolos entre piedras muy muy viejunas.

Por lo demás, en Francia se come queso ( perdón, fromage) SIEMPRE; el Cola Cao se llama Banania ( y su negrito es mucho más negrito que el nuestro; cosas del colonialismo galo, supongo); el café con hielo no existe ( mi amigo Chus encontraría esto sumamente inapropiado); todo está carísimo; tiene uno que estar continuamente repartiendo bon surs y bon suars a diestro y siniestro, y una sola visita a una librería hace que se te caiga el alma a los pies: tebeos por todas partes y de todo tipo ( he visto montones de títulos y autores de los que no había oído ni hablar en mi vida ), lo que hace que nuestro país parezca estar solo saliendo a marchas forzadas del analfabetismo.

¡Ah!, y la enfermedad de Francia se llama CAMIÓN.

Or vuar…

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3 comentarios »

  1. javier said,

    vaya vaya; el año pasado estuve en francia por custiones de trabajo, por la zona de Marsella (Arlés), y eso del “toque de queda” me chocó mucho. Hasta las gasolineras cerraban a las siete de la tarde, las cafeterías también (incluso algunas franquicias como maccDonalds o Burger K.), y todas las casas cerradas a cal y canto.
    menos mal que el pueblo más cercano (Arlés, nosotros estabamos en un hotel a las afueras) era medio turístico y aún podías encontrar algo abierto 8no mucho, pero al menos podías cenar….

    Y muy “mala lech” en lo del titulo del post 😉

  2. ivanolmedo said,

    Lo del “toque de queda” resulta chocante para nosotros, y hasta un poco tétrico. A las siete de la tarde en Asturias estamos empezando a despertar… No tengo nada en contra de los franceses ( de hecho mi viaje fue para ver a la familia) pero espero que esas costumbres no se acaben por imponer por aquí.

    Lo del título es una coña-homenaje-juego de palabras con triple salto mortal, que unos entenderán más que otros. Tan dicharachero como siempre, sin más…

    Saludos, Javi…

  3. javier said,

    si, lo del titulo lo entendí….


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