mayo 17, 2010

Salón de Barcelona

Posted in General, Impresiones tebeeras, Opino que... a 2:41 pm por ivanolmedo

Es justo que escriba unas líneas sobre mi primera visita a un evento comiquero tan ( en principio ) indispensable para todo aficionado como es el Salón del Cómic de Barcelona. Por temas de distancia y tiempo, nunca me había acercado por allí. Mi presencia como fan estaba limitada hasta ahora por las continuas visitas al Salón de Gijón y las Jornadas de Avilés, celebraciones dispares y con diferentes puntos de interés que, por suerte, tengo a tiro de piedra, y que me han proporcionado momentos de gran interés a lo largo de los años.

Esta vez, espoleado por la aparición del nuevo número de la revista CTHULHU, donde se incluye una historia mía dibujada por Alberto Cimadevilla, decidí reservar vuelo con bastante antelación y pasarme un par de días por allí. Aprovechando la circunstancia, presentamos un proyecto de historieta de humor que tenemos bastante avanzado a un par de editoriales españolas, y conocimos a algunas personas con las que teníamos contacto previo por correo electrónico.

La experiencia en sí se desarrolló por los cauces que más o menos imaginaba. Llegado el viernes por la mañana sin contratiempos desde el aeropuerto en un bus que hacía parada justo a la entrada del Salón, aparqué la maleta en el hostal para – sin perder tiempo – hacer la primera entrada en el recinto. A esas horas, el público todavía era muy escaso, y me dediqué a reconocer el terreno y hacer la primera cata superficial de las exposiciones que, encabezadas por la de originales de Hal Foster, ni más ni menos, engalanaban los pasillos improvisados y los grandes espacios del Salón. Tras la primera ojeada, nos arrimamos al stand de Diábolo Ediciones para presentarnos y que nos pusieran cara. Quisimos hacer contacto en esos momentos más relajados, en previsión de que el sábado el ambiente sería menos propicio con todo el mogollón de la fiesta en pleno apogeo, como así fue. Tras las presentaciones y un par de vueltecitas más para ver qué se iba cociendo por allí, nos fuimos a comer; y la tarde vino relajada aunque con una labor pendiente para nosotros que era el fundamento de lo que nos había llevado allí: hablar con los responsables de sendas editoriales y dejarles el esbozo de un proyecto cuyas bases tenemos bien asentadas. El Escollo Uno queda salvado; el Escollo Dos, con la aceptación y el desarrollo ( o no ) de la idea, está en el horizonte. Con un cansancio atroz acumulado, tras la cena y una charla nocturna bien prolongada, no me quedó más que derrumbarme sobre la cama y dejar que las pilas se recargasen. Cosa no muy sencilla en un hostal donde las paredes eran de papier maché y las puertas de cartulina. Como mucho.

El sábado, día grande de todo fiestón como tal, ya tuvimos la agenda algo más apretada. Como más apretados estuvimos en el recinto, ya que la afluencia de público fue mucho mayor. Entre cifras oficiales, que hablan de mantenimiento o aumento de visitantes; e impresiones captadas allí mismo en conversaciones de tres minutos, donde nos decían que había menos gente que otros años, no sé con cual quedarme. El hecho es que gente había, y mucha. Por la mañana nos acercamos a charlar con Manuel Mota, uno de los artífices de CTHULHU, para hablar sobre el presente y el futuro de nuestra colaboración en la revista. Palabras cabales y buenas impresiones surgieron de allí. Tras unos paseítos más, se me acercó la hora de presentarme en la comida de Tebeosfera, que resultó una muy agradable experiencia entre anécdotas de catalogación, cotilleos sobre el mundillo, ideas casi inabarcables para el futuro, etc… Bien acompañado por gentes como Javier Vidiella ( sí, un cYbErDaRk, un Tercera Fundación, fichado por Tebeosfera ); Jaume Vaquer ( aquí tuvimos los primeros indicios, vía SMS, de que algo iba mal en el aeropuerto ); Dionisio Platel ( de Malavida ) o el muy observador Jaume Capdevila (KAP), la comida y sobremesa se me hizo extraordinariamente corta. Ni pude hablar con todos ( allí estuvo el mítico Antonio Martín, glups, al que tanto hay que agradecerle por su labor en la edición de cómic popular y de estudio del mismo ) ni hubo tiempo para más.

Tras el necesario café salimos al sol de la tarde, no muy piadoso, y me despedí para acudir a mi siguiente cita, con las gentes que también se habían desplazado desde Asturias. Por el camino me encuentro a Enrique Corominas y le pregunto por su Dorian Gray. Todo va bien, parece. Junto a la furgoneta del Equipo A, vistoso punto de encuentro, recojo a Manuel Menéndez y, en un rato despistado atisbo el sombrero y las canas de Moebius mirando unos tebeos de segunda mano, pero por pudor ni se me ocurre acercarme al mejor dibujante del mundo ( dicen ) allí, solo y desprotegido. Aun recuerdo lo que pasó en Gijón hace unos años. Ya reunidos todos, optamos por salir de los límites saloneros y desintoxicarnos un poco con un saludable paseo hasta la villa olímpica; desierta como una ciudad postnuclear y no muy hermosa, a mi juicio. Entre diatribas acerca de la reciente Iron Man 2 y preocupaciones por el estado del tráfico aéreo, volvimos a la civilización, consultamos las últimas noticias, sopesamos si acudir o no a una fiesta nocturna de postín, y acabamos por recalar en un restaurante medianamente aceptable donde cenamos mientras el Barça salvaba su liga y entraba un grupo de azafatas de vuelo desocupadas que no nos hicieron pensar lo mejor, precisamente. De vuelta a la piltra y descanso. Estoy mayor, y ni me imaginaba lo que pasaría al día siguiente…

Domingo. Lánguidamente abandonamos el hostal, y juro que las noticias decían que todos los aeropuertos españoles estaban por fin abiertos. Con la satisfacción de que todo iba marchando sobre ruedas, nos dispusimos a pasar una mañanita tranquila antes de ir tirando para el sitio de donde salen ( normalmente ) los aviones. Como el famoso Mercado de San Antonio nos pillaba cerca, la visita era obligada. En otras circunstancias me hubiera comprado, seguro, un montoncete de cosas, pero no esta vez, no. De todas formas el momento estuvo bien. Con tiempo de sobra – como hay que hacer estas cosas – llegamos al aeropuerto, y la amable señora de vueling nos da un bofetón que nos quita la tontería de encima: el aeropuerto de Asturias está cerrado hasta nueva orden. O nos quedamos tirados por los pasillos, o nos subimos a un infernal autocar que nos lleve a destino. Quedarse allí varado es inasumible, así que tragamos saliva y despotricando un poco, ciertamente, nos metemos en el cajón de tortura las siguientes 12 horas. Pormenorizar las sensaciones sufridas allí queda fuera de mis mejores capacidades, así que baste decir que la experiencia fue desagradable aunque positiva, si es que algunas líneas escritas pueden surgir de tamaña inspiración momentánea. Lo estoy pensando muy seriamente, ojo. En fin, del Ranón a Oviedo, y de Oviedo a Mieres todavía, con el horario ajustado ( que ni hecho a propósito ) para permitirme pasar por casa, echar una meadita y entrar a currar solo 10 minutos tarde o así. Sin haber pegado ojo, por otra parte. Y con un dolor de espalda como no recuerdo en muuucho tiempo.

Resumiendo, que salvo el “incidente” de la vuelta a casa ( el señor dibujante que iba conmigo viajaba en avión por primera vez, así que ha tenido una bonita primera impresión ) mi fin de semana salonero se desarrolló tal como esperaba y, a pesar de lo corto que se hizo, creo que los días estuvieron bien aprovechados. Veremos el año que viene…

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1 comentario »

  1. Instan said,

    Una interesante y completa crónica. Respecto a la que comentas sobre Moebius, quizá algunos fans deberían de replantearse sus exaltados comportamientos frente a aquellos que dicen admirar.


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