octubre 22, 2011

EL HOMBRE LLAMADO A-X

Posted in Impresiones tebeeras a 9:36 am por ivanolmedo


El comic book norteamericano estuvo lleno y dominado durante los años 90 del pasado siglo por los cables, los pistolones y los dientes apretados, inmerso en una agresiva moda de violencia superheroica durante la cual los personajes cambiaron el pijama y los gayumbos por fuera por armaduras, aceros orgánicos, cartucheras y clavos. El tebeo más molón ( es un decir ) era aquel que ofrecía más splash pages, más onomatopeyas absurdas y más músculos imposibles. Los argumentos  prácticamente no existían, abandonados en favor de una espectacularidad mal entendida de la que ( casi ) todos los aficionados guardamos ominoso recuerdo.
En cierto momento de esa década, también florecieron efímeramente algunos sellos más o menos independientes que ofrecieron a autores de cierto renombre la oportunidad de crear y desarrollar personajes propios, siguiendo – creemos – sus instintos creativos y, en algunos casos, ¿por qué no?, tirando de lo que se llevaba en aquel momento. Esto nos lleva a Marv Wolfman. Escritor de alguno de los hitos comiqueros del pasado siglo ( La Tumba de Drácula, con el atmosférico Gene Colan; Los Nuevos Titanes, con el detallista George Perez; Vigilante, con un buen número de eficientes dibujantes como Keith Pollard, Ross Andru, etc…) Wolfman crea para el sello Bravura de la editorial Malibu un personaje tocho que en las cubiertas responde al nombre de A-X y viene a ser la enésima versión del cyborg descontrolado y perdido que un buen día comienza a hacerse preguntas sobre sí mismo y lo que le rodea. La enésima versión, en definitiva, del concepto “monstruo de Frankenstein”.

En esta intentona le acompaña Shawn McManus, dibujante prolijo y de trazo bastante particular e inconfundible, que aprovecha la ocasión brindada para emplearse a fondo y realizar un notable trabajo con tan pocos puntos de apoyo. Y es que, si bien hay que reconocer que el oficio de Wolfman consigue dotar a las páginas de cierta vida, gracias sobre todo a unos diálogos bien llevados, el fondo del asunto es de lo más trillado: una ciudad corrupta hasta la médula, Bedlam, nacida del dolor del asesinato y un amplio surtido de crímenes, controlada por bandas mafiosas; una especie de Terminator ( “oh, my God! Que la X no es una letra, es un número…” , en fin, pillan por dónde van los tiros, ¿no?  ) que irrumpe como un paquidermo en una cacharrería reventando sicarios; una chiquilla rubia y quebradiza, veterana de la Tormenta del Desierto, que ahora se dedica al periodismo desfacentuertos y se hace muy amiga del monstruito, y un plan de misteriosos objetivos tras todo ello. La resolución del “misterio”, con todo, es banal y no nos conduce a ninguna idea original.

Los 6 cuadernillos de El Hombre llamado A-X, se quedan en un mero preámbulo de una obra mayor que, por lo que conozco, no llegó a completarse. Aquí vienen las suposiciones a vuelapluma sobre la viabilidad comercial de tantos y tantos proyectos que solo pudieron dar tantos pasos como les dejaron. Es cierto que durante la década mencionada anteriormente vieron la luz morrallas inmensas que tuvieron más largo recorrido que este modesto trabajo de Wolfman y McManus. Sin embargo, al menos en lo que concierne al guionista, A-X no puede quedar para la posteridad más que como una nota a pie de página en su excelente currículum . Casi nos atreveríamos a decir que como una curiosidad circunstancial.

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