noviembre 21, 2011

MARRAMIAU

Posted in Impresiones tebeeras a 6:03 pm por ivanolmedo

Ahora que hablábamos del señor Miller y sus recientes desvaríos, no está de más recordar uno de sus logros ( de los muchos que ha conseguido; eso no puede objetarlo nadie ), que fue actualizar y traer al escenario del mundo “real” a un personaje tan poco inspirador como Catwoman. No “poco inspirador” en su concepto básico de mujer-gato, sino a la vista de lo que se había hecho hasta entonces con ella. En la impresionante Batman, Año Uno, la joven y baqueteada Selina Kyle es una prostituta de duros modales que, lejos de la payasesca imagen de borceguíes y cierto glamur del pasado, se convierte en una auténtica chica felina, enfundada en látex como, quizás, siempre debió ser.
En 1989, Mindy Newell retoma a Selina para remover la tierra sembrada por Miller y, con ayuda de JJ Birch y Michael Bair al dibujo, lograr una serie limitada en cuatro capítulos que nos muestra un poco más de ese barriobajero mundo de la chica-gato. No hubiera pasado nada – aparte de la plomiza reiteración – si la hubiese titulado Catwoman, Año Uno. De hecho, algunas viñetas están calcadas de las originales trazadas por Mazzuchelli en la obra seminal, no como plagio u ahorro de esfuerzos sino, entendemos, como forma eficaz y directa de ubicar al lector en el exacto escenario. En un ambiente negro y polvoriento, donde una fauna de proxenetas, detectives de homicidios, rameras y monjas equivocadas de dirección cruzan sus destinos por un tiempo, el desarrollo de Catwoman como personaje va tomando forma de la mejor manera posible, como una mujer desesperanzada y vengativa que duda constantemente entre lo que debe y lo que desea hacer, pero que tampoco vacila cuando toma una decisión. El otro pez grande que bucea en estas oscuras aguas es, cómo no, el mismo Señor de la Noche, que hace acto de aparición en el tercer capítulo de la obra, cuando ya el camino de Selina está claramente trazado y se asientan las bases de su relación venidera.
El dibujo de JJ Birch ( seudónimo, al parecer, de Joe Brozowski ) es feote y torpón, haciendo incluso que tres o cuatro escenas se comprendan a duras penas, de forma embarullada, pero posee la calidad de realismo sucio que le sienta como un guante a la obra, donde otros estilos más cuidados seguramente fallarían. Esto, unido a la buena interpretación que Newell hace de las claves del personaje, desemboca en un comic que, si bien menor y de escaso relumbre frente a los grandes títulos de la década en la propia DC, proporciona una muy satisfactoria lectura, y mete de lleno a Catwoman en la nómina de personajes sin los que el Universo Deceero no puede pasar.

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